La araucana primera parte: 135

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CANTO IX
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La araucana primera parte



Al yermo Penco herboso habían llegado,
y un sitio que en mitad del pueblo había
le tenían de tapión fortificado
que en recogido cuadro le ceñía,
de dos fuertes bastiones abrigado,
que cada uno dos frentes descubría,
y a cada frente asiste una bombarda
que con maciza bala el paso guarda.

La gente comarcana con fingida
muestra la paz malvada aseguraba,
esperando la ayuda prometida
que a cencerros tapados caminaba;
pero no fue secreta esta partida
pues entre los cristianos se trataba
que el valiente Lautaro había pasado
las lomas con ejército formado.

Suénase que Purén allí venía,
Tomé, Pillolco, Angol y Cayeguano,
Tucapel, que con orgullo y bizarría
no le igualaba bárbaro araucano;
Ongolmo, Lemolemo y Lebopía,
Caniomangue, Elicura, Mareguano
Cayocupil, Lincoya, Lepomande,
Chilcano, Leucotón y Mareande.

Todos estos varones señalados
fueron para esta guerra apercebidos,
con otros dos mil pláticos soldados
en el copioso ejército escogidos.
Venían de fuertes petos arreados,
gruesas picas de hierros muy fornidos,
ferradas mazas, hachas aceradas,
armas arrojadizas y enastadas.

Desta manera el escuadrón camina
en la callada noche y sombra escura
debajo del gobierno y diciplina
del cuidoso Lautaro, que procura
llegar cuando la estrella matutina
alegra el mustio campo y la verdura,
antes que por aviso y doble trato
de su venida hubiese algún recato.



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