La araucana primera parte: 137

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CANTO IX
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La araucana primera parte



La nueva claridad del día siguiente
sobre el claro horizonte se mostraba,
y el sol por el dorado y fresco oriente
de rojo ya las nubes coloraba;
a tal hora Alvarado con su gente
del prevenido fuerte se alejaba
en busca de la escuadra lautarina
que a más andar también se le avecina.

Los nuestros media legua aún no se habían
de aquel su muro lejos alongado,
cuando al calar de un monte descubría
el araucano ejército ordenado.
Allí las limpias armas relucían
más que el claro cristal del sol tocado,
cubiertas de altas plumas las celadas
verdes, azules, blancas, encarnadas.

¿Quién pintaros podrá el contento cuando
sienten los araucanos el ruido,
que las diestras en alto levantando
pusieron en el cielo un alarido?
Mil instrumentos bárbaros tocando
con grande orgullo y paso más tendido
se vienen acercando a los de España,
sonando en torno toda la campaña.

Quieren los españoles responderlos
con el horrible són de armada mano;
calan el monte a fin de acometerlos
teniendo por mejor el sitio llano.
Bajas las lanzas vienen a romperlos,
pero la osada muestra salió en vano,
que los bárbaros, ya diciplinados,
del todo se cerraron apiñados.

Tan espesas las picas derribaron
con pie y con rostro firme hacia delante,
que no sólo el encuentro repararon
pero a desbaratarlos fue bastante;
los nuestros sin romper se retiraron
y ellos gloriosos con furor pujante,
por dar remate al venturoso lance
siguen con pies ligeros el alcance.



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