La araucana primera parte: 139

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CANTO IX
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La araucana primera parte



Y de rencor intrínseco aguijados
los movidos ejércitos venían;
suenan los arcabuces asestados,
del humo, fuego y polvo se cubrían;
los corvos arcos con vigor flechados
gran número de tiros despedían;
vuelan nubadas de armas enastadas
por los valientes brazos arrojadas.

Cuales contrarias aguas a toparse
van con rauda corriente sonorosa
que, resistiendo al tiempo del mezclarse,
aquélla más violenta y poderosa
a la menos pujante sin pararse
volverla contra el curso es cierta cosa,
así a nuestro escuadrón forzosamente
la arrebató la bárbara corriente.

No pudiendo sufrir la fuerza brava
del número de gente y movimiento,
al español el bárbaro llevaba
como a liviana paja el recio viento.
Entran sin orden, que ya rota andaba,
todos mezclados en el fuerte asiento
y dentro del cuadrado y ancho muro
comienzan pie con pie un combate duro.

Algunos españoles castigados
recogerse en la fuerza no quisieron,
que eran de corazones congojados
y de verse en estrecho rehuyeron;
quieren el campo abierto, y por los lados
del turbado montón se dividieron
pero los de más ser, con mano osada,
procuran amparar la plaza entrada.

Allí quieren morir o defenderse;
la carrera más larga otros tomaron,
que acordaron con tiempo guarecerse;
otros a la marina se llegaron
metiéndose en un barco, sin poderse
sufrir, las corvas áncoras alzaron;
satisfaciendo al miedo y bajo intento
las velas con presteza dan al viento.



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