La araucana primera parte: 145

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CANTO IX
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La araucana primera parte



Sale en el codicioso seguimiento
de la española gente que corría
con furia y ligereza más que el viento,
sin hacerse uno a otro compañía;
la mucha turbación y desatiento
que a los nuestros el miedo les ponía,
los lleva sin caminos, esparcidos
por sierras, valles, montes, por ejidos.

Los que tienen caballos más ligeros
¡oh cuán de corazón son envidiados!,
¡qué poco se conocen compañeros
de largo tiempo y amistad tratados!
No aprovechan promesas de dineros
ni de bienes allí representados.
Tanto el miedo ocupado los había
que lugar la codicia aun no tenía;

antes los intereses despreciando
se muestran allí poco codiciosos,
tras las ricas celadas arrojando
petos de fina plata embarazosos;
y así de las promesas no curando,
jugaban los talones presurosos:
sólo las alas de Ícaro quisieran,
aunque pasando el mar se derritieran.

Juan y Hernando Alvarados la jornada
con el valiente Ybarra apresuraban
animando la gente desmayada,
mas no por esto el paso moderaban;
abren por la carrera embarazada,
que ligeros caballos gobernaban
y aunque con viva espuela los batían,
alargarse de un indio no podían.

Delante largo trecho de la gente
a los tres les da caza y atormenta
un espaldudo bárbaro valiente,
Rengo llamado, mozo de gran cuenta;
éste solo los sigue osadamente
y a voces con palabras los afrenta
y los aprieta y corre a campo raso,
sin poderle ganar un solo paso.



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