La araucana primera parte: 146

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CANTO IX
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La araucana primera parte



«¡So! ¡So!», les va gritando: «¡Espera, espera!
(que más en castellano no sabía),
pero en su natural lengua primera
atrevidas injurias les decía.
Tres leguas los corrió desta manera,
que jamás de las colas se partía
por mucho que aguijasen los rocines,
llamándolos infames y ruines.

Llevaba una arma en alto levantada
que no hay quien su fación y forma diga.
Era una gruesa haya mal labrada
de la grandeza y peso de una viga,
de metal la cabeza barreada
y esgrímela el garzón sin más fatiga
que el presto esgrimidor suelto y liviano
juega el fácil bastón con diestra mano.

Si alguna vez con el troncón pesado
los caballos el bárbaro alcanzaba,
era de fuerza el golpe tan cargado
que casi derrengados los dejaba;
así cada caballo escarmentado
sin espuelas el curso apresuraba
que jamás fue baqueta en la corrida
como el bastón del bárbaro temida.

Aunque gran techo aquel follón se aleja
del seguro montón y amigo bando,
no por esto la dura empresa deja,
antes más los persigue y va afrentando;
con prestos pies y maza los aqueja,
la nación española profanando
en lenguaje araucano, que entendían
los tres, que a más correr dél se desvían.

Veinte veces revuelven los cristianos
dando sobre él con súbita presteza;
a todos tres les da llenas las manos
con su diabólica arma y ligereza.
Entretanto llegaban los ufanos
indios en el alcance sin pereza
y volviendo los tres a su carrera,
el bárbaro y bastón sobre ellos era.



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