La araucana primera parte: 147

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CANTO IX
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La araucana primera parte



No por áspero monte ni agria cuesta
afloja el curso y animoso brío,
antes cual correr suele sobre apuesta
tras las fieras el puelche en desafío,
los corre, aflige, aprieta y los molesta
y a diez millas de alcance, por do un río
el camino atraviesa al mar corriendo
se fue en la húmida orilla deteniendo.

El bárbaro escuadrón parado había,
sólo el contumaz Rengo porfiando
desistir de la empresa no quería,
aunque no vee persona de su bando;
los tres lasos cristianos a porfía
iban el ancho vado atravesando
cuando Rengo cargó de una pesada
piedra la presta honda dél usada.

El tronco en el suelo húmido fijado,
rodea el brazo dos veces, despidiendo
el tosco y gran guijarro así arrojado,
que el monte retumbó del sordo estruendo.
Las ninfas por lo más sesgo del vado
las cristalinas aguas revolviendo
sus doradas cabezas levantaron
y a ver el caso atentas se pararon.

El importuno bárbaro no cesa
ni afloja de la empresa que pretende,
antes con silbos, grita y piedra espesa,
en agua a más de la cinta, los ofende,
y dándoles en esto mucho priesa,
el beber los caballos les defiende
diciendo: «¡Sús, salid, salid fuera,
que yo os manterné campo en la ribera!»



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