La araucana primera parte: 148

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CANTO IX
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La araucana primera parte



Viendo Alvarado a Rengo así orgulloso
de la soberbia tema ya impaciente,
dice a los dos: «¡Oh caso vergonzoso,
que a tres nos siga un indio solamente,
y triunfe de nosotros vitorioso!
No es bien que de españoles tal se cuente:
volvamos y de aquí jamás pasemos
si primero morir no le hacemos».

Así dijo, y las riendas revolviendo,
segunda vez el vado atravesaban;
de morir o matarle proponiendo,
los cansados caballos aguijaban;
en esto el araucano conociendo
la cólera y furor con que tornaban,
olvidando la maza y presupuesto,
las voladoras plantas mueve presto.

Una larga carrera por la arena
los tres a toda furia le siguieron,
aunque en balde tomaron esta pena,
que el indio más corrió que ellos corrieron.
Faltos no de intención, pero de lena,
de cansados las riendas recogieron,
y en un áspero sitio y peligroso
les hizo rostro el bárbaro animoso.

Por espaldas tomó una gran quebrada
revolviendo a los tres con osadía,
y a falta de la maza acostumbrada
a menudo la honda sacudía;
de allí con mofa, silbos y pedrada,
sin poderle ofender, los ofendía,
por ser aquel lugar despeñadero
y más que ellos el bárbaro ligero.



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