La araucana primera parte: 150

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO X
Pág. 150 de 239
La araucana primera parte



Ufanos los araucanos de las vitorias habidas, ordenan unas
fiestas generales donde concurrieron diversas gentes, así
estranjeras como naturales, entre los cuales hubo grandes
pruebas y diferencias


Cuando la varia diosa favorece,
y las dádivas prósperas reparte,
¡cómo al ánimo flaco fortalece
que de triste mujer se vuelve un Marte
y derriba, acobarda y enflaquece
el esfuerzo viril en la otra parte,
haciendo cuesta arriba lo que es llano,
y un gran cerro la palma de la mano!

¡Quién vio los españoles colocados
sobre el más alto cuerno de la luna
de sus famosos hechos rodeados,
sin punto y muestra de mudanza alguna!;
¡quién los ve en breve tiempo derribados!;
¡quién ve en miseria vuelta su fortuna,
seguidos, no de Marte, dios sanguino,
mas del tímido Sexo femenino!.

Mirad aquí la suerte tan trocada,
pues aquellos que al cielo no temían,
las mujeres, a quien la rueca es dada,
con varonil esfuerzo los seguían;
y con la diestra a la labor usada
las atrevidas lanzas esgrimían
que por el hado próspero impelidas,
hacían crudos efetos y heridas.

Estas mujeres, digo, que estuvieron
en un monte escondidas, esperando
de la batalla el fin, y cuando vieron
que iba de rota el castellano bando,
hiriendo el cielo a gritos decendieron,
el mujeril temor de sí lanzando
y de ajeno valor y esfuerzo armadas,
toman de los ya muertos las espadas.



<<<
>>>