La araucana primera parte: 154

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CANTO X
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La araucana primera parte



No bien sonó la alegre trompa, cuando
el joven Orompello, ya en el puesto,
airosamente el manto derribando
mostró el hermoso cuerpo bien dispuesto,
y en la valiente diestra blandeando
una maciza lanza. Luego en esto
se ponen asimismo Lepomande,
Crino, Pillolco, Guambo y Mareande.

Estos seis en igual hila corriendo,
las lanzas por los fieles igualadas,
a un tiempo las derechas sacudiendo,
fueron con seis gemidos arrojadas;
salen las astas con rumor crujiendo
de aquella fuerza e ímpetu llevadas,
rompen el aire, suben hasta el cielo,
bajando con la misma furia al suelo.

La de Pillolco fue la asta primera
que falta de vigor a tierra vino;
tras ella la de Guambo y la tercera
de Lepomande y cuarta la de Crino;
la quinta de Mareande, y la postrera,
haciendo por más fuerza más camino
la de Orompello fue, mozo pujante,
pasando cinco brazas adelante.

Tras éstos, otros seis lanzas tomaron,
de los que por más fuertes se estimaban
y aunque con fuerza estrema procuraron
sobrepujar el tiro, no llegaban;
otros tras éstos y otros seis probaron,
mas todos con vergüenza atrás quedaban.
Y por no detenerme en este cuento
digo que lo probaron más de ciento.

Ninguno con seis brazas llegar pudo
al tiro de Orompello señalado,
hasta que Leucotón, varón membrudo,
viendo que ya el probar había aflojado,
dijo en voz alta: «De perder no dudo
mas porque todos ya me habéis mirado,
quiero ver deste brazo lo que puede,
y a dó llegar mi estrella me concede».



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