La araucana primera parte: 155

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CANTO X
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La araucana primera parte



Esto dicho, la lanza requerida,
en ponerse en el puesto poco tarda
y dando una ligera arremetida,
hizo muestra de sí fuerte y gallarda;
la lanza por los aires impelida
sale cual gruesa bala de bombarda,
o cual furioso trueno que corriendo
por las espesas nubes va rompiendo.

Cuatro brazas pasó con raudo vuelo
de la señal y raya delantera,
rompiendo el hierro por el duro suelo
tiembla por largo espacio la asta fuera;
alza la turba un alarido al cielo
y de tropel con súbita carrera
muchos a ver el tiro van corriendo,
la fuerza y tirador engrandeciendo.

Unos el largo trecho a pies medían
y examinan el peso de la lanza;
otros por maravilla encarecían
del esforzado brazo la pujanza;
otros van por el precio; otros hacían
al vencedor cantares de alabanza,
de Leucotón el nombre levantando
le van en alta voz solenizando.

Salta Orompello y por la turba hiende
y aquel rumor, colérico, baraja,
diciendo «Aún no he perdido, ni se entiende
de sólo el primer tiro la ventaja».
Caupolicán la vara en esto tiende
y a tiempo un encendido fuego ataja,
que Tucapel al primo había acudido
y otros con Leucotón se habían metido.

Caupolicán, que estaba por juez puesto
mostrándose imparcial, discretamente
la furia de Orompello aplaca presto
con sabrosas palabras blandamente;
y así, no se altercando más sobre esto,
conforme a la postura, justamente,
a Leucotón, por más aventajado,
le fue ceñido el corvo alfanje al lado.



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