La araucana primera parte: 157

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CANTO X
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La araucana primera parte



Andando así, en un tiempo, cauteloso
metió la pierna diestra Cayeguano;
quiso Torquín ceñirla codicioso,
cargando con gran fuerza a aquella mano;
sácala a tiempo Cayeguán mañoso,
y el cuerpo de Torquín quedando en vano,
del mismo peso y fuerza que traía
a los pies enemigos se tendía.

Tras éste el fuerte Rengo se presenta,
el cual, lanzando fuera los vestidos
descubre la persona corpulenta,
brazos robustos, músculos fornidos;
mírale la confusa turba atenta,
que de cuatro entre todos escogidos
este valiente bárbaro era el uno,
jamás sobrepujado de ninguno.

Con gran fuerza los hombros sacudiendo
se apareja a la lucha y desafío,
y al vencedor contrario apercibiendo
le va a buscar con animoso brío;
de la otra parte Cayeguán saliendo
en medio de aquel campo a su albedrío,
vienen los dos gallardos a juntarse,
procurando en la presa aventajarse.

Un rato estuvo en confusión la gente
y anduvo en duda la vitoria incierta;
mas luego Rengo dio señal patente
con que fue su pujanza descubierta,
que entre los duros brazos reciamente
al triste Cayeguán, la boca abierta,
sin dejarle alentar le retraía
y acá y allá con él se revolvía.

Alzólo de la tierra y apretado,
en el aire gran pieza lo suspende;
Cayeguán sin color, desalentado,
abre los brazos y las piernas tiende.
Viéndolo así rendido, el esforzado
Rengo, que a la vitoria sólo atiende,
dejándole bajar, con poca pena
le estampa de gran golpe en el arena.



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