La araucana primera parte: 159

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CANTO X
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La araucana primera parte



Mas no hubo en hombre allí tal osadía
que a contrastar al bárbaro se atreva
y así porque la noche ya venía,
se difirió la comenzada prueba
hasta que el carro del siguiente día
alegrase los campos con luz nueva;
sonando luego varios instrumentos,
hinchieron de las mesas los asientos.

Pues otro día, saliendo de su tienda
el hijo de Leocán acompañado,
al cercado lugar de la contienda
con altos instrumentos fue llevado;
Rengo, porque su fama más se estienda,
dando una vuelta en torno del cercado,
entró dentro con una bella muestra
y a mantener se puso la palestra.

Bien por dos horas Rengo tuvo el puesto
sin que nadie la plaza le pisase,
que no se vio soldado tan dispuesto
que, viéndole, el lugar vacío ocupase;
pero ya Leucotón mirando en esto,
que, porque su valor más se notase,
hasta ver el más fuerte había esperado,
con grave paso entró en el estacado.

Luego un rumor confuso y grande estruendo
entre el parlero vulgo se levanta
de ver estos dos juntos conociendo
en uno y otro esfuerzo y fuerza tanta.
Leucotón la persona recogiendo,
a recebir a Rengo se adelanta,
que con gallardo paso se venía
de esfuerzo acompañado y lozanía.



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