La araucana primera parte: 161

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CANTO X
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La araucana primera parte



Pero ventaja entre ellos conocida
no se vio allí ni de flaqueza indicio;
ambos jóvenes son de edad florida,
iguales en la fuerza y ejercicio.
Mas la suerte de Rengo enflaquecida
y el hado, que hasta allí le fue propicio,
hicieron que perdiese a su despecho
del precio y del honor todo el derecho.

Había en la plaza un hoyo hacia el un lado,
engaste de un guijarro y nuevamente
estaba de su encaje levantado
por el concurso y huella de la gente;
desto el cansado Rengo no avisado,
metió el pie dentro, y desgraciadamente
cual cae de la segur herido el pino
con no menos estruendo a tierra vino.

No la pelota con tan presto salto
resurte arriba del macizo suelo,
ni la águila, que al robo cala de alto,
sube en el aire con tan recio vuelo,
como de corrimiento el seso falto,
Rengo rabioso, amenazando el cielo,
se puso en pie, que aun bien no tocó en tierra,
y contra Leucotón furioso cierra.

Como en la fiera lucha Anteo temido
por el furioso Alcides derribado,
que de la tierra madre recogido
cobraba fuerza y ánimo doblado,
así el airado Rengo embravecido,
que apenas en la arena había tocado,
sobre el contrario arriba de tal suerte
que al estremo llegó de honrado y fuerte.

Tanto dolor del grave caso siente
el público lugar considerando,
que abrasado de fuego y rabia ardiente,
se le fueron las fuerzas aumentando;
y furioso, colérico, impaciente,
de suerte a Leucotón va retirando
que apenas le resiste y el suceso
oiréis en el siguiente canto expreso.



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