La araucana primera parte: 162

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CANTO XI
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La araucana primera parte



Canto onceno en el cual se acaban las fiestas y diferencias, y
caminando Lautaro sobre la ciudad de santiago, antes de llegar a
ella hace un fuerte, en el cual metido, vienen los españoles sobre
él, donde tuvieron una recia batalla


Cuando los corazones nunca usados,
a dar señal y muestra de flaqueza
se ven en lugar público afrentados,
entonces manifiestan su grandeza,
fortalecen los miembros fatigados,
despiden el cansancio y la torpeza,
y salen fácilmente con las cosas
que eran antes, Señor, dificultosas.

Así le avino a Rengo, que, en cayendo,
tanto esfuerzo le puso el corrimiento,
que lleno de furor y en ira ardiendo,
se le dobló la fuerza y el aliento;
y al enemigo fuerte no pudiendo
ganarle antes un paso, agora ciento
alzado de la tierra lo llevaba,
que aun afirmar los pies no le dejaba.

Adelante la cólera pasara
y hubiera alguna brega en aquel llano,
si receloso desto no bajara
presto de arriba el hijo de Pillano
que de Caupolicán traía la vara
y él propio los aparta de su mano;
que no fue poco, en tanto encendimiento
tenerle este respeto y miramiento.

Siendo desta manera sin ruido
despartida la lucha ya enconada,
le fue a Rengo su honor restituido
mas quedó sin derecho a la celada.
Aun no estaba del todo difinido
ni la plaza de gente despejada,
cuando el mozo Orompello dijo presto:
«Mi vez ahora me toca, mío es el puesto».



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