La araucana primera parte: 163

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CANTO XI
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La araucana primera parte



Que bramando entre sí se deshacía
esperando aquel tiempo deseado,
viendo que Leucotón ya mantenía,
del tiro de la lanza no olvidado;
con gran desenvoltura y gallardía
salta el palenque y entra el estacado
y en medio de la plaza, como digo,
llamaba cuerpo a cuerpo al enemigo.

La trápala y murmurio en el momento
creció, porque parando el pueblo en ello,
conoce por allí cuán descontento
del fuerte Leucotón está Orompello;
témese que vendrán a rompimiento
mas nadie se atraviesa a defendello,
antes la plaza libre los dejaron
y los vacíos lugares ocuparon.

El pueblo, de la lucha deseoso,
la más parte a Orompello se inclinaba;
mira los bellos miembros y el airoso
cuerpo que a la sazón se desnudaba,
la gracia, el pelo crespo y el hermoso
rostro, donde su poca edad mostraba,
que veinte años cumplidos no tenía
y a Leucotón a fuerzas desafía.

Juzgan ser desconformes los presentes
las fuerzas destos dos por la aparencia,
viendo del uno el talle, y los valientes
niervos, edad perfeta y esperiencia,
y del otro los miembros diferentes,
la tierna edad y grata adolescencia,
aunque a tal opinión contradecía
la muestra de Orompello y osadía,

que puesto en su lugar, ufano espera
el són de la trompeta, como cuando
el fogoso caballo en la carrera
la seña del partir está aguardando.
Y cual halcón que en la húmida ribera
ve la garza de lejos blanqueando,
que se alegra y se pule ya lozano
y está para arrojarse de la mano,



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