La araucana primera parte: 165

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CANTO XI
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La araucana primera parte



Fue tan presto el caer y en el momento
tan presto el levantarse, por manera
que se puede decir que el más atento
a mover la pestaña no lo viera.
Ventaja ni señal de vencimiento
juzgarse por entonces no pudiera,
que Leucotón arrodilló en el llano
y Orompello tocó sola una mano.

En esto los padrinos se metieron
y a cada lado el suyo retirando,
en disputa la lucha resumieron
sus puntos y razones alegando.
De entrambas partes gentes acudieron
la porfía y rumor multiplicando;
quién daba al uno el precio, honor y gloria,
quién cantaba del otro la vitoria.

Tucapelo, que estaba en un asiento
a la diestra del hijo de Pillano,
visto lo que pasaba, en el momento
salta en la plaza, la ferrada en mano,
y con aquel usado atrevimiento
dice: «El precio ganó mi primo hermano
y si alguno esta causa me defiende,
haréle yo entender que no lo entiende.

La joya es de Orompello y quien bastante
se halle a reprobar el voto mío,
en campo estamos: hágase adelante
que, en suma, le desmiento y desafío».
Leucotón con un término arrogante
dice: «Yo amansaré tu loco brío
y el vano orgullo y necio devaneo
que mucho tiempo ha ya que lo deseo».

Comigo lo has de haber, que comenzado
juego tenemos ya», dijo Orompello.
Responde Leucotón fiero y airado:
«Contigo y con tu primo quiero habello».
Caupolicán en esto era llegado,
que del supremo asiento viendo aquello
había bajado a la sazón confuso
y allí su autoridad toda interpuso.



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