La araucana primera parte: 166

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CANTO XI
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La araucana primera parte



Leucotón y Orompello, conociendo
que el gran Caupolicán allí venía,
las enconosas voces reprimiendo
cada cual por su parte se desvía;
mas Tucapel la maza revolviendo,
que otro acuerdo y concierto no quería,
lleno de ira diabólica no calla,
llamando a todo el mundo a la batalla.

Ruego y medios con él no valen nada
del hijo de Leocán ni de otra gente,
diciendo que a Orompello la celada
le den por vencedor y más valiente;
después, que en plaza franca y estacada
con Leucotón le dejen libremente,
donde aquella disputa se dicida,
perdiendo de los dos uno la vida.

Puesto Caupolicán en este aprieto,
lleno de rabia y de furor movido,
le dice: «Haré que guardes el respeto
que a mi persona y cargo le es debido».
Tucapel le responde: «Yo prometo
que por temor no baje del partido
y aquel que en lo que digo no viniere,
haga a su voluntad lo que pudiere.

Guardaréte respeto, si derecho
en lo que justo pido me guardares,
y mientras que con recto y sano pecho
la causa sin pasión desto mirares.
Mas si contra razón, sólo de hecho,
torciendo la justicia lo llevares,
por ti y tu cargo y todo el mundo junto
no perderé de mi derecho un punto».

Caupolicán, perdida la paciencia,
se mueve a Tucapel determinado
mas Colocolo, viejo de esperiencia,
que con temor le andaba siempre al lado,
le hizo una acatada resistencia
diciendo: «¿Estás, señor, tan olvidado
de ti y tu autoridad y salud nuestra
que lo pongas en sólo alzar la diestra?



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