La araucana primera parte: 167

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CANTO XI
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La araucana primera parte



Mira, señor, que todo se aventura,
mira que están los más ya diferentes;
de Tucapel conoces la locura
y la fuerza que tiene de parientes;
lo que emendar se puede con cordura,
no lo emiendes con sangre de inocentes.
Dale a Orompello el contendido precio
y otro al competidor, de igual aprecio.

Si por rigor y término sangriento
quieres poner en riesgo lo que queda,
puesto que sobre fijo fundamento
Fortuna a tu sabor mueva la rueda
y el juvenil furor y atrevimiento
castigar a tu salvo te conceda,
queda tu fuerza más disminuida
y al fin tu autoridad menos temida.

Pierdes dos hombres, pierdes dos espadas
que el límite araucano han estendido,
y en las fieras naciones apartadas
hacen que sea tu nombre tan temido;
si agora han sido aquí desacatada,
mira lo que otras veces han servido
en trances peligrosos, derramando
la sangre propia y del contrario bando».

Imprimieron así en Caupolicano
las razones y celo de aquel viejo
que, frenando el furor, dijo: «En tu mano
lo dejo todo y tomo ese consejo».
Con tal resolución, el sabio anciano
viendo abierto camino y aparejo,
habló con Leucotón que vino en todo
y a los primos después del mismo modo.

Y así el viejo eficaz los persuadiera;
que en tal discordia y caso tan diviso,
lo que el mundo universo no pudiera,
pudo su discreción y buen aviso.
Fuelos, pues, reduciendo de manera
que vinieron a todo lo que quiso
pero con condición que la celada
por precio al Orompello fuese dada.



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