La araucana primera parte: 170

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CANTO XI
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La araucana primera parte



Votos hay que saliesen al camino
(éstos son de los jóvenes briosos);
otros, que era imprudencia y desatino
por los pasos y sitios peligrosos.
A todo con presteza se previno,
que de grandes reparos ingeniosos
el pueblo fortalecen y en un punto
despachan corredores todo junto,

debajo de un caudillo diligente
que verdadera relación trujese
del número y designio de la gente,
con comisión, si lance le saliese
a su honor y defensa conveniente,
que al bárbaro escuadrón acometiese,
volviendo a rienda suelta dos soldados
para que dello fuesen avisados.

Por no haber caso en esto señalado,
abrevio con decir que se partieron
y al cuarto día con ánimo esforzado
sobre el campo enemigo amanecieron;
trabóse el juego y no duró trabado,
que los bárbaros luego les rompieron
y todos con cuidado y pies ligeros
revolvieron a ser los mensajeros.

Sin aliento, cansados y afligidos
vuelven con testimonio asaz bastante
de cómo fueron rotos y vencidos
por la fuerza del bárbaro pujante,
lasos, llenos de sangre, mal heridos,
con pérdida de un hombre el cual delante
y en medio de los campos desmandado,
a manos de Lautaro había espirado.

Cuentan que levantado un muro había
adonde con sus bárbaros se acoge
y que infinita gente le acudía,
de la cual la más diestra y fuerte escoge;
también que bastimentos cada día
y cantidad de munición recoge,
afirmando por cierto, fuera desto,
que sobre la ciudad llegará presto.



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