La araucana primera parte: 171

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CANTO XI
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La araucana primera parte



Quien incrédulo dello antes estaba,
teniendo allí el venir por desvarío,
a tan clara señal crédito daba,
helándole la sangre un miedo frío.
Quién de pura congoja trasudaba,
que de Lautaro ya conoce el brío;
quién con ardiente y animoso pecho
bramaba por venir más presto al hecho.

Villagrán enfermado acaso había;
no puede a la sazón seguir la guerra,
mas con ruegos y dádivas movía
la gente más gallarda de la tierra,
y por caudillo en su lugar ponía
un caro primo suyo en quien se encierra
todo lo que conviene a buen soldado:
Pedro de Villagrán era llamado.

Éste sin más tardar tomó el camino
en demanda del bárbaro Lautaro
y el cargo que tan loco desatino
como es venir allí, le cueste caro.
Diose tal priesa a andar que presto vino
a la corva ribera del río Claro,
que vuelve atrás en círculo gran trecho,
después hasta la mar corre derecho.

Media legua pequeña elige un puesto
de donde estaba el bárbaro alojado,
el lugar mejor y más dispuesto
y allí, por ver la noche, ha reparado;
estaba a cualquier trance y rumor presto,
de guardia y centinelas rodeado
cuando, sin entender la cosa cierta,
gritaban: «¡Arma!, ¡arma!; ¡alerta!, ¡alerta!»

Esto fue que Lautaro había sabido
como allí nuestra gente era llegada,
que después de la haber reconocido
por su misma persona y numerada,
volvióse sin de nadie ser sentido
y mostrando estimarlo todo en nada,
hizo de los caballos que tenía
soltar el de más furia y lozanía,



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