La araucana primera parte: 172

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XI
Pág. 172 de 239
La araucana primera parte



diciendo en alta voz: «Si no me engaño,
no deben de saber que soy Lautaro
de quien han recebido tanto daño,
daño que no tendrá jamás reparo;
mas porque no me tengan por estraño
y el ser yo aquí venido sea más claro,
sabiendo con quien vienen a la prueba,
quiero que este rocín lleve la nueva».

Diez caballos, Señor, había ganado
en la refriega y última revuelta;
el mejor ensillado y enfrenado,
porque diese el aviso cierto, suelta.
Siendo el feroz caballo amenazado,
hacia el campo español toma la vuelta
al rastro y al olor de los caballos
y ésta fue la ocasión de alborotallos.

Venía con un rumor y furia tanta
que dio más fuerza al arma y mayor fuego;
la gente recatada se levanta
con sobresalto y gran deasosiego.
El escándalo tanto no fue cuanta
era después la burla, risa y juego,
de ver que un animal de tal manera
en arma y alboroto los pusiera.

Pasaron sin dormir la noche en esto
hasta el nuevo apuntar de la mañana,
que con ánimo y firme presupuesto
de vencer o morir, de buena gana
salen del sitio y alojado puesto
contra la gente bárbara araucana,
que no menos estaba acodiciada
del venir al efeto de la espada.

Un edicto Lautaro puesto había
que quien fuera del muro un paso diese,
como por crimen grave y rebeldía,
sin otra información luego muriese;
así el temor frenando a la osadía,
por más que la ocasión la comoviese
las riendas no rompió de la obediencia
ni el ímpetu pasó de su licencia.



<<<
>>>