La araucana primera parte: 173

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CANTO XI
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La araucana primera parte



Del muro estaba el bárbaro cubierto,
no dejando salir soldado fuera;
quiere que su partido sea más cierto
encerrando a los nuestros de manera
que no les aproveche en campo abierto
de ligeros caballos la carrera
mas sólo ánimo, esfuerzo y entereza
y la virtud del brazo y fortaleza.

Era el orden así, que acometiendo
la plaza, al tiempo del herir volviesen
las espaldas los bárbaros huyendo,
porque dentro los nuestros se metiesen;
y algunos por defuera revolviendo,
antes que los cristianos se advirtiesen,
ocuparles las puertas del cercado,
y combatir allí a campo cerrado.

Con tal ardid los indios aguardaban
a la gente española que venía
y en viéndola asomar la saludaban
alzando una terrible vocería;
soberbios desde allí la amenazaban
con audacia, desprecio y bizarría,
quién la fornida pica blandeando,
quién la maza ferrada levantando.

Como toros que van a salir lidiados,
cuando aquellos que cerca lo desean,
con silbos y rumor de los tablados
seguros del peligro los torean,
y en su daño los hierros amolados
sin miedo amenazándolos blandean:
así la gente bárbara araucana
del muro amenazaba a la cristiana.

Los españoles, siempre con semblante
de parecerles poca aquella caza,
paso a paso caminan adelante
pensando de allanar la fuerte plaza,
en alta voz diciendo: «No es bastante
el muro ni la pica y dura maza
a estorbaros la muerte merecida
por la gran desvergüenza cometida».



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