La araucana primera parte: 175

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CANTO XI
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La araucana primera parte



De la misma manera a nuestra gente
que el alcance sin término seguía,
la súbita mudanza de repente
le turbó la vitoria y alegría
que, sin se reparar, violentamente
por el mismo camino revolvía,
resistiendo con ánimo esforzado
el número de gente aventajado.

Mas como un caudaloso río de fama,
la presa y palizada desatando,
por inculto camino se derrama
los arraigados troncos arrancando,
cuando con desfrenado curso brama
cuanto topa delante arrebantando
y los duros peñascos enterrados
por las furiosas aguas son llevados,

con ímpetu y violencia semejante
los indios a los nuestros arrancaron,
y sin pararles cosa por delante
en furiosa corriente los llevaron,
hasta que con veloz furor pujante
de la cerrada plaza los lanzaron,
que el miedo de perder allí la vida
les hizo el paso llano a la salida.

De más priesa y con pies más desenvueltos
los sueltos españoles que a la entrada,
en una polvorosa nube envueltos
salen del cerco estrecho y palizada;
entre ellos van los bárbaros revueltos,
una gente con otra amontonada,
que sin perder un punto se herían
de manos y de pies como podían.

No el alzado antepecho y agujeros
que fuera del entorno había cavados,
ni la fajina y suma de maderos
con los fuertes bejucos amarrados
detuvieron el curso a los ligeros
caballos, de los hierros hostigados,
que como si volaran por el viento,
salieron a lo llano en salvamento.



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