La araucana primera parte: 182

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CANTO XII
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La araucana primera parte



¿Qué intento os mueve o qué furor insano
que así queréis tiranizar la tierra?
¿No veis que todo agora está en mi mano:
el bien vuestro y el mal, la paz, la guerra?
¿No veis que el nombre y crédito araucano
los levantados ánimos atierra,
que sólo el són al mundo pone miedo
y quebranta las fuerzas y el denuedo?

«En los pueblos no fuistes poderosos
de defender las propias posesiones,
que es cosa que aun los pájaros medrosos
hacen rostros en su nido a los leones,
¿y en los desiertos campos pedregosos
pensáis de sustentar los pabellones
en tiempo que estáis más amedrentados,
y más vuestros contrarios animados?

Es, a mi parecer, loca osadía
querer contra nosotros sustentaros,
pues ni por arte, maña ni otra vía
podéis en nuestro daño aprovecharos.
Si lo queréis llevar por valentía,
baste el presente estrago a escarmentaros,
que fresca sangre aún vierten las heridas
y della aquí las yerbas veo teñidas.

Pues dejar yo jamás de perseguiros,
según que lo juré, será escusado.
Hasta dentro de España he de seguiros,
que así lo he prometido al gran Senado;
mas si queréis en tiempo reduciros
haciendo lo que aquí os será mandado,
saldré de la promesa y juramento
y vosotros saldréis de perdimiento.

«Treinta mujeres vírgines apuestas
por tal concierto habéis de dar cada año,
blancas, rubias, hermosas, bien dispuestas,
de quince años a veinte, sin engaño.
Han de ser españolas, y tras éstas,
treinta capas de verde y fino paño,
y otras treinta de púrpura tejidas,
con fino hilo de oro guarnecidas.



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