La araucana primera parte: 183

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CANTO XII
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La araucana primera parte



También doce caballos poderosos,
nuevos y ricamente enjaezados,
domésticos, ligeros y furiosos,
debajo de la rienda concertados
y seis diestros lebreles animosos
en la caza me habéis de dar cebados:
este solo tributo estorbaría
lo que estorbar el mundo no podría».

Atento el castellano lo escuchaba,
estando de la plática gustoso,
mas cuando a estas razones allegaba
no pudo aquí tener ya más reposo;
así impaciente al bárbaro atajaba,
diciéndole: «No estés tan orgulloso,
que las parias, que pides, ¡oh Lautaro!,
te costarán, si esperas, presto caro.

En pago de tu loco atrevimiento
te darán españoles por tributo
cruda muerte con áspero tormento,
y Arauco cubrirán de eterno luto».
Lautaro dijo: «Es eso hablar al viento.
Sobre ello, Marcos, más yo no disputo:
las armas, no la lengua, han de tratarlo
y la fuerza y valor determinarlo.

Libre puedes decir lo que quisieres
como aquel que seguro le está dado,
que tú después harás lo que pudieres
y yo podré hacer lo que he jurado;
tratemos de otras cosas de placeres,
quede para su tiempo comenzado,
y quiérote mostrar, pues tiempo hallo,
una lucida escuadra de caballo.

Que para que no andéis tan al seguro,
acuerdo de tener también caballos
y de imponer mis súbditos procuro
a saberlos tratar y gobernallos».
Esto dijo Lautaro y desde el muro,
a seis dispuestos mozos, sus vasallos,
mandó que en seis caballos cabalgasen
y por delante dél los paseasen.



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