La araucana primera parte: 184

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CANTO XII
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La araucana primera parte



Por las dos puentes, a la vez caladas,
salieron a caballo seis chilcanos,
pintadas y anchas dargas embrazadas,
gruesas lanzas terciadas en las manos;
vestidas fuertes cotas y tocadas
las cabezas, al modo de africanos,
mantos por las caderas derribados,
los brazos hasta el codo arremangados.

Y con airosa muestra, por delante
del atento español dos vueltas dieron;
pero ni de su puesto y buen semblante,
punto que se notase le movieron,
antes con muestra y ánimo arrogante,
en alta voz, que todos lo entendieron
(que el muro estaba ya lleno de gente),
habló así con Lautaro libremente:

«En vano, ¡oh capitán! cierto trabaja
quien pretende con fieros espantarme;
no estimo lo que vees en una paja
ni alardes pueden punto amedrentarme.
Y por mostrar si temo la ventaja
yo solo con los seis quiero probarme,
do verás que a seis mil seré bastante:
vengan luego a la prueba aquí delante».

Lautaro respondió: «Marcos, si mueres
tanto por nos mostrar tu fuerza y brío,
el mínimo que dellos escogieres
a pie vendrá contigo en desafío
del modo y la manera que quisieres.
Elige armas y campo a tu albedrío,
ora con ellas, ora desarmados,
a puños, coces, uñas y a bocados».

El español le dijo: «Yo te digo
que mi honor en tal caso no consiente
darles uno por uno su castigo,
porque jamás se diga entre la gente
que cuerpo a cuerpo bárbaro comigo
en campo osase entrar singularmente;
por tanto, si no quieres lo que pido
no quiero yo acetar otro partido».



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