La araucana primera parte: 186

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CANTO XII
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La araucana primera parte



Marcos, de las palabras comovido,
le dice: «Yo prometo de intentallo
por sólo esas razones que has movido
y hacer todo el poder en procurallo».
Habiéndose con esto despedido,
revolviendo las riendas al caballo,
él y su compañero caminaron
hasta que al español campo llegaron.

De todo al punto Villagrán informado
cuanto a Marcos, Lautaro dicho había,
sospechoso, confuso y admirado
de ver que bastimentos le pedía.
Era sagaz, celoso y recatado;
revolviendo la presta fantasía,
los secretos designios comprehende
y el peligroso estado y trance entiende.

Y en el presto remedio resoluto,
cuando el mundo se muestra más escuro,
sin tocar trompa, del peligro instruto,
toma el camino a la ciudad seguro,
maravillado del ardid astuto.
Pero de nuestra gente ahora no curo,
que quiero antes decir el modo estraño
de la ingeniosa astucia y nuevo engaño.

Aún no era bien la nueva luz llegada,
cuando luego los bárbaros supieron
la súbita partida y retirada,
que no con poca muestra lo sintieron,
viendo claro que al fin de la jornada
por un espacio breve no pudieron
hacer en los cristianos tal matanza
que nadie dellos más tomara lanza.

Que aquel sitio cercado de montaña,
que es en un bajo y recogido llano,
de acequias copiosísimas se baña
por zanjas con industria hechas a mano.
Rotas al nacimiento, la campaña
se hace en breve un lago y gran pantano;
la tierra es honda, floja, anegadiza,
hueca, falsa, esponjada y movediza.



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