La araucana primera parte: 189

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CANTO XII
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La araucana primera parte



Fue un tiempo de españoles pero había
la prometida fe ya quebrantado,
viendo que la fortuna parecía
declarada de parte del Estado,
el cual veinte y dos leguas contenía:
éste era su distrito señalado,
pero tan grande crédito alcanzaba
que toda la nación le respetaba.

Los españoles ánimos briosos
éste los puso humildes por el suelo;
éste los bajos, tristes y medrosos
hace que se levanten contra el cielo;
y los estraños pueblos poderosos
de miedo déste viven con recelo:
los remotos vecinos y estranjeros
se rinden y someten a sus fueros.

Pues la flor del Estado deseando
estaba al tardo tiempo en esta vega,
tardo para quien gusto está esperando,
que al que no espera bien, bien presto llega;
pero el tiempo y sazón apresurando,
a sus valientes bárbaros congrega
y antes que se metiesen en la vía,
estas breves razones les decía:

«Amigos, si entendiese que el deseo
de combatir, sin otro miramiento,
y la fogosa gana que en vos veo
fuese de la vitoria el fundamento,
hágaos saber de mí que cierto creo
estar en vuestra mano el vencimiento
y un paso atrás volver no me hiciera,
si el mundo sobre mí todo viniera.

Mas no es sólo con ánimo adquirida
una cosa difícil y pesada:
¿qué aprovecha el esfuerzo sin medida,
si tenemos la fuerza limitada?
Mas ésta, aunque con límite, regida
por industrioso ingenio y gobernada,
de duras y de muy dificultosas
hace llanas y fáciles las cosas.



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