La araucana primera parte: 195

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CANTO XII
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La araucana primera parte



Quiero dejar a Arauco por un rato,
que para mi dicurso es importante
lo que forzado aquí del Pirú trato
aunque de su comarca es bien distante;
y para que se entienda más barato
y con facilidad lo de adelante,
si Lautaro me deja, diré en breve
la gente que en su daño ahora se mueve.

El Marqués de Cañete era llegado,
a la ciudad insigne de Los Reyes,
de Carlos Quinto Máximo enviado
a la guarda y reparo de sus leyes;
éste fue por sus partes señalado
para virrey de donde dos virreyes
por los rebeldes brazos atrevidos
habían sido a la muerte conducidos.

Oliendo el Virrey nuevo las pasiones
y maldades por uso introducidas,
el ánimo dispuesto a alteraciones
en leal apariencia entretejidas,
los agravios, insultos y traiciones
con tanta desvergüenza cometidas,
viendo que aun el tirano no hedía,
que, aunque muerto, de fresco se bullía,

entró como sagaz y receloso,
no mostrando el cuchillo y duro hierro,
que fuera en aquel tiempo peligroso
y dar con hierro en un notable yerro,
mostrándose benigno y amoroso
trayéndoles la mano por el cerro,
hasta tomar el paso a la malicia
y dar más fuerza y mano a la justicia.

En tanto que las cosas disponía
para limpiar del todo las maldades,
quitando las justicias, las ponía
de su mano por todas las ciudades;
éstas eran personas que entendía
haber en ellas justas calidades,
de Dios, del Rey, del mundo temerosas,
en semejantes cargos provechosas.



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