La araucana primera parte: 197

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CANTO XII
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La araucana primera parte



Y algunos capitanes y soldados
que con lustre sirvieron en la guerra
y esperaban de ser gratificados
conforme a los humores de la tierra,
recelando tenerlos agraviados
del reino en són de presos los destierra,
remitiendo las pagas a la mano
de Rey tan poderoso y soberano.

Esto puso suspensa más la gente,
la causa del destierro no sabiendo,
no entiende si es injusta o justamente;
sólo sabe callar y estar tremiendo;
teme la furia y el rigor presente
y a inquirir la razón no se atreviendo,
tiende a cualquier rumor atento oído,
mas no puede sentir más del ruido.

Temor, silencio y confusión andaba,
atónita la gente discurría,
nadie la oculta causa preguntaba,
que aun preguntar error le parecía;
por saber, uno a otro se miraba
y el más sabio los hombros encogía,
temiendo el golpe del furor presente,
movido al parecer por accidente.

Fue hecho tan sagaz, grande y osado
que pocos con razón le van delante,
asaz en estos tiempos celebrado
y a los ánimos sueltos importante;
por él quedó el Pirú atemorizado,
temerario, rebelde y arrogante
y a la justicia el paso más seguro,
con mayor esperanza en lo futuro.

Así enfrenó el Pirú con un bocado
que no le romperá jamás la rienda,
haciendo al ambicioso y alterado
contentarse con sola su hacienda,
y el bullicio y deseo desordenado
le redujo a quietud y nueva emienda;
que poco lo mal puesto permanece
como por la esperiencia al fin parece.



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