La araucana primera parte: 198

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CANTO XII
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La araucana primera parte



Quien antes no pensaba estar contento
con veinte o treinta mil pesos de renta,
enfrena de tal suerte el pensamiento
que sólo con la vida se contenta;
después hizo el Marqués repartimiento
entre los beneméritos de cuenta,
para esforzar los ánimos caídos
y dar mayor tormento a los perdidos.

Con ejemplos así y acaecimientos,
¿cómo vemos que tantos van errados,
que sobre arena y frágiles cimientos
fabrican edificios levantados?
Bien se muestran sus flacos fundamentos,
pues por tierra tan presto derribados
con afrentoso nombre y voz los vemos,
huyendo su infición cuanto podemos.

¡Oh vano error!, ¡oh necio desconcierto
del torpe que con ánimo inorante
no mira en el peligro y paso incierto
las pisadas de aquel que va delante,
teniendo, a costa ajena, ejemplo cierto,
que el brazo del amigo más constante
ha de esparcir su sangre en su disculpa,
lavando allí la espada de la culpa!

Quiero que esté algún tiempo falsamente
sobre traidores hombros sostenido:
que el viento que se mueva de repente
le aflige, altera y turba aquel ruido,
pues que cuando la voz del Rey se siente
no hay són tan duro y áspero al oído
que tiene solo el nombre fuerza tanta
que los huesos le oprime y le quebranta.

Que le asome Fortuna algún contento,
¡con cuántos sinsabores va mezclado
aquel recelo, aquel desabrimiento,
aquel triste vivir tan recatado!.
Traga el duro morir cada momento,
témese del que está más confiado,
que la vida antes libre y amparada
está sujeta ya a cualquiera espada.



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