La araucana primera parte: 199

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CANTO XII
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La araucana primera parte



Negando al Rey la deuda y obediencia,
se somete al más mínimo soldado
poniendo en contentarle diligencia
con gran miedo y solícito cuidado;
y aquellos más amigos en presencia,
las lanzas le enderezan al costado
y sobre la cabeza aparejadas
le están amenazando mil espadas.

Cualquier rumor, cualquiera voz le espanta,
cualquier secreto piensa ques negarle;
si el brazo mueve alguno y lo levanta,
piensa el triste que fue para matarle:
la soga arrastra, el lazo a la garganta,
¿qué confianza puede asegurarle?
pues mal el que negar al Rey procura
tendrá con un tirano fe segura.

Si no bastare verlos acabados
tan presto, y que ninguno permanece,
y los rollos y términos poblados
de quien tan justamente lo merece:
bandos, casas, linajes estragados,
con nombre que los mancha y escurece;
baste la obligación con que nacemos
que a Nuestro Rey y príncipe tenemos.

De un paso en otro paso voy saliendo
del discurso y materia que seguía
pero aunque vaya ciego discurriendo
por caminos más ásperos sin guía,
del encendido Marte el són horrendo
me hará que atine a la derecha vía;
y así seguro desto y confiado
me atrevo a reposar, que estoy cansado.