La araucana primera parte: 205

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CANTO XIII
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La araucana primera parte



De aparatos, jaeces, guarniciones
los gallardos soldados se arreaban;
sobrevistas y galas, invenciones
nuevas y costosísimas sacaban;
estandartes, enseñas y pendones
al viento en cada calle tremolaban;
vieran sastres y obreros ocupados
en hechuras, recamos y bordados.

Con el concurso y junta de guerreros
el grande estruendo y trápala crecía,
y los prestos martillos de herreros
formaban dura y áspera armonía;
el rumor de solícitos armeros
todo el ancho contorno ensordecía;
los celosos caballos, de lozanos
relinchando, triscaban con las manos.

Andaba así la gente embarazada
con el nuevo bullicio de la guerra,
mas ya de lo importante aparejada
un caudillo salió luego por tierra;
llevando copia della encomendada
atravesó a Atacama y la alta sierra
con la desierta costa y despoblados,
de osamenta de bárbaros sembrados.

La gente principal, todo aprestado,
y reliquias del campo que quedaban,
para romper el mar alborotado
otra cosa que tiempo no aguardaban.
Mas viendo el cielo ya desocupado
y que las bravas olas aplacaban,
con ordenada muestra y rico alarde
salieron de Los Reyes una tarde.

Yo con ellos también, que en el servicio
vuestro empecé y acabaré la vida,
que estando en Inglaterra en el oficio
que aun la espada no me era permitida,
llegó allí la maldad en deservicio
vuestro, por los de Arauco cometida,
y la gran desvergüenza de la gente
a la Real Corona inobediente.



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