La araucana primera parte: 206

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CANTO XIII
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La araucana primera parte



Y con vuestra licencia, en compañía
del nuevo capitán y Adelantado
caminé desde Londres hasta el día
que le dejé en Taboga sepultado;
de donde, con trabajos y porfía,
de la fortuna y vientos arrojado,
llegué a tiempo que pude juntamente
salir con tan lucida y buena gente.

Otro escuadrón de amigos se me olvida,
no menos que nosotros necesarios,
gente templada, mansa y recogida,
de frailes, provisores, comisarios,
teólogos de honesta y santa vida,
franciscos, dominicos, mercenarios,
para evitar insultos de la guerra,
usados más allí que en otra tierra.

De varias profesiones y colores
sale de Lima una lucida banda
y en el puerto tendidas por las flores
estaban mesas llenas de vianda
con vinos de odoríferos sabores,
donde luego por una y otra banda
sobre la verde hierba reclinados
gustamos los manjares delicados.

Alegres los estómagos, contentos
fuimos a la marina conducidos
a do de verdes ramos y ornamentos
estaban los bateles prevenidos,
y al són de varios y altos instrumentos,
de los caros amigos despedidos
en los ligeros barcos nos metemos,
dando a un tiempo con fuerza al mar los remos.

Los bateles de tierra se alargaban,
dejando con penosa envidia a aquellos
que en la arenosa playa se quedaban
sin apartar los ojos jamás dellos.
Sobre diez galeones arribaban
los prestos barcos, y saltando en ellos
tiempo los marineros no perdieron,
que las velas al viento descogieron.



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