La araucana primera parte: 209

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CANTO XIII
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La araucana primera parte



Lautaro le responde: «Amiga mía,
sabrás que yo soñaba en este instante
que un soberbio español se me ponía
con muestra ferocísima delante
y con violenta mano me oprimía
la fuerza y corazón, sin ser bastante
de poderme valer; y en aquel punto
me despertó la rabia y pena junto».

Ella en esto soltó la voz turbada
diciendo: «¡Ay, que he soñado también cuanto
de mi dicha temí, y es ya llegada
la fin tuya y principio de mi llanto!
Mas no podré ya ser tan desdichada
ni Fortuna conmigo podrá tanto
que no corte y ataje con la muerte
el áspero camino de mi suerte.

Trabaje por mostrárseme terrible,
y del tálamo alegre derribarme,
que, si revuelve y hace lo posible
de ti no es poderosa de apartarme:
aunque el golpe que espero es insufrible,
podré con otro luego remediarme,
que no caerá tu cuerpo en tierra frío
cuando estará en el suelo muerto el mío».

El hijo de Pillán con lazo estrecho
los brazos por el cuello le ceñía;
de lágrimas bañando el blanco pecho,
en nuevo amor ardiendo respondía:
«No lo tengáis, señora, por tan hecho
ni turbéis con agüeros mi alegría
y aquel gozoso estado en que me veo
pues libre en estos brazos os poseo.

Siento el veros así imaginativa,
no porque yo me juzgue peligroso;
mas la llaga de amor está tan viva
que estoy de lo imposible receloso:
si vos queréis, señora, que yo viva,
¿quién a darme la muerte es poderoso?
Mi vida está sujeta a vuestras manos
y no a todo el poder de los humanos.



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