La araucana primera parte: 212

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CANTO XIV
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La araucana primera parte



Llega Francisco de Villagrá de noche sobre el fuerte de los
enemigos sin ser dellos sentido. Da al amanecer súbito en ellos y
a la primera refriega muere Lautaro. Trábase la batalla con harta
sangre de una parte y de otra


¿Cuál será aquella lengua desmandada
que a ofender las mujeres ya se atreva,
pues vemos que es pasión averiguada
la que a bajeza tal y error las lleva,
si una bárbara moza no obligada
hace de puro amor tan alta prueba,
con razones y lágrimas salidas
de las vivas entrañas encendidas?

Que ni la confianza ni el seguro
de su amigo le daba algún consuelo,
ni el fuerte sitio, ni el fosado muro
le basta asegurar de su recelo;
que el gran temor nacido de amor puro
todo lo allana y pone por el suelo,
sólo halla el reparo de su suerte
en el mismo peligro de la muerte.

Así los dos unidos corazones
conformes en amor desconformaban
y dando dello allí demostraciones
más el dulce veneno alimentaban.
Los soldados, en torno los tizones,
ya de parlar cansados reposaban,
teniendo centinelas, como digo,
y el cerro a las espaldas por abrigo.

Villagrá con silencio y paso presto
había el áspero monte atravesado,
no sin grave trabajo, que sin esto
hacer mucha labor es escusado.
Llegado junto al fuerte, en un buen puesto,
viendo que el cielo estaba aun estrellado
paró, esperando el claro y nuevo día,
que ya por el oriente descubría.



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