La araucana primera parte: 216

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CANTO XIV
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La araucana primera parte



En oyendo los indios estranjeros
que con Lautaro estaban recogidos
el súbito rumor, salen ligeros,
del miedo y sobresalto apercebidos;
mas sintiendo los golpes carniceros,
el ánimo turbado y los sentidos,
con atentas orejas acechaban
adónde con menor rigor sonaban.

Como tímidos gamos, que el ruido
sienten del cazador y atentamente,
altos los cuellos, tienden el oído
hacia la parte que el rumor se siente,
y el balar de la gama conocido
que apedazan los perros y la gente,
con furioso tropel toman la vía
que más de aquel peligro se desvía;

la baja y vil canalla, acostumbrada
a rendirse al temor de aquella suerte,
por ciega senda inculta y desusada
rompe el camino y desampara el fuerte
acá y allá corriendo derramada:
y era tan grande el miedo de la muerte
que al más valiente y bravo se le antoja
ver un fiero español tras cada hoja.

Pero aquellos que nunca el miedo pudo
hacerlos con peligros de su bando,
poniendo osado pecho por escudo
están la antigua riña averiguando;
la desnuda cabeza del agudo
cuchillo no se vee estar rehusando,
ni rehusa la espada la siniestra,
ejercitando el uso de la diestra.

Que el joven Corpillán, no desmayado
porque su espada y mano vino a tierra
antes en ira súbita abrasado,
contra la parte del contrario cierra;
y habiendo ya la espada recobrado,
la diestra, que aun bullendo el puño afierra,
lejos con gran desdén y furia lanza,
ofreciendo la izquierda a la venganza.



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