La araucana primera parte: 218

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CANTO XIV
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La araucana primera parte



De dos golpes Hernando de Alvarado
dio con el suelto Talco en tierra muerto,
pero fue mal herido por un lado
del gallardo Guacoldo en descubierto;
estuvo el español algo atronado,
mas del atronamiento ya despierto,
corriendo al fuerte bárbaro derecho
la espada le escondió dentro del pecho.

El viejo Villagrán, con la sangrienta
espada por los bárbaros rompiendo,
mata, hiere, tropella y atormenta,
a tiempo a todas partes revolviendo;
un golpe a Nico en la cabeza asienta,
el cual los turbios ojos revolviendo
a tierra vino muerto; y de otro a Polo
le deja con el brazo izquierdo solo.

Usadas las espadas al acero,
topando la desnuda carne blanda,
ayudadas de un ímpetu ligero
dan con piernas y brazos a la banda.
No rehusa el segundo ser primero,
antes todos siguiendo una demanda,
como olas que creciendo van, crecían,
y a la muerte animosos se ofrecían.

La gente una con otra así se cierra,
que aún no daban lugar a las espadas;
apenas los mortales van a tierra
cuando estaban sus plazas ocupadas.
Unos por cima de otros se dan guerra,
enhiestas las personas y empinadas
y de modo a las veces se apretaban,
que a meter por la espada se ayudaban.

Las armas con tal rabia y fuerza esgrimen
que los más de los golpes son mortales;
y los que no lo son, así se imprimen
que dejan para siempre las señales;
todos al descargar los brazos gimen
mas salen los efetos desiguales;
que los unos topaban duro acero,
los otros al desnudo y blando cuero.



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