La araucana primera parte: 220

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XIV
Pág. 220 de 239
La araucana primera parte



Y con venganza tal no satisfecho
del caso desastrado del hermano,
antes con nueva rabia y más despecho
hiere de tal manera a Diego Cano,
que, la barba inclinada sobre el pecho,
se le cayó la rienda de la mano,
y sin ningún sentido, casi frío,
el caballo lo lleva a su albedrío.

En medio de la turba embravecido
esgrime en torno la ferrada maza;
a cuál deja contrecho, a cuál tullido,
cuál el pescuezo del caballo abraza;
quién se tiende en las ancas aturdido,
quién, forzado, el arzón desembaraza:
que todo a su pujanza y furia insana
se le bate, derriba y se le allana.

Por partes más de diez le iba manando
la sangre, de la cual cubierto andaba;
pero no desfallece, antes bramando,
con más fuerza y rigor los golpes daba.
Ligero corre acá y allá saltando,
arneses y celadas abollaba,
hunde las altas crestas, rompe sesos,
muele los nervios, carne y duros huesos.

En esto un gran rumor iba creciendo
de espadas, lanzas, grita y vocería,
al cual confusamente, no sabiendo
la causa, mucha gente allí acudía;
y era un gallardo mozo que, esgrimiendo
un fornido cuchillo, discurría
por medio de las bárbaras espadas,
haciendo en armas cosas estremadas.



<<<
>>>