La araucana primera parte: 224

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CANTO XV
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La araucana primera parte



Que si a mi discreción dado me fuera
salir al campo y escoger las flores,
quizá el cansado gusto removiera
la usada variedad de los sabores,
pues como otros han hecho, yo pudiera
entretejer mil fábulas y amores;
mas ya que tan adentro estoy metido,
habré de proseguir lo prometido.

Al lombardo dejé y al araucano
donde la guerra andaba más trabada,
que vienen a juntarse mano a mano,
la espada alta y la maza levantada.
De malla está cubierto el italiano,
el indio la persona desarmada
y así como más suelto y más ligero,
en descargar el golpe fue el primero.

El membrudo italiano, como vido
la maza y el rigor con que bajaba,
alzó el escudo en alto y recogido
debajo dél, el golpe reparaba;
por medio el fuerte escudo fue rompido
y en modo la cabeza le cargaba,
que, batiendo los dientes, vio en el suelo
la estrellas más mínimas del cielo.

El brazo descargó, que alto tenía,
sobre el valiente bárbaro el lombardo,
pensando que dos piezas le haría
según era del ánimo gallardo,
pero Rengo, que punto no perdía,
como una onza ligera y suelto pardo,
un presto salto dio a la diestra mano,
de suerte que el cuchillo bajó en vano.

Tras esto el diestro bárbaro rodea
la poderosa maza, de manera
que acertarle de lleno, no al Andrea
pero un duro peñasco deshiciera.
Igual andaba entre ellos la pelea,
aunque temo yo a Rengo a la primera
vez que el cuchillo baje, si le halla,
que habrá fin con su muerte la batalla.



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