La araucana primera parte: 228

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CANTO XV
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La araucana primera parte



Dos o tres pasos dio desvanecido
del golpe el italiano, vacilando,
perdida la memoria y el sentido
y anduvo por caer titubeando;
la sangre por el uno y otro oído
le reventó en gran flujo, como cuando
revienta de abundancia alguna fuente,
y en pie se tuvo bien difícilmente.

Pero vuelto en su acuerdo, que se mira
lleno de sangre y puesto en tal estado,
más furioso que nunca, ardiendo en ira
de verse así de un bárbaro tratado,
el brazo con el pie diestro retira
para tomar más fuerza y el pesado
cuchillo derribó con tal ruido
que revocó en los montes del sonido.

Rengo, que el gran cuchillo bajar siente
y el ímpetu y furor con que venía,
cruzando la alta maza osadamente,
al reparo debajo se metía,
no fue la asta defensa suficiente
por más barras de acero que tenía,
que a tierra vino della una gran pieza
y el furioso cuchillo a la cabeza.

Fue este golpe terrible y peligroso
por do una roja fuente manó luego,
y anduvo por caer Rengo dudoso,
atónito y de sangre casi ciego.
El italiano allí no perezoso,
viendo que no era tiempo de sosiego,
baja otra vez el gran cuchillo agudo
con todo aquel vigor que dalle pudo.

En medio de la frente en descubierto
hiere al turbado Rengo el italiano,
y hubiérale de arriba abajo abierto
si no torciera al descargar la mano;
el golpe fue de llano y como muerto
vino al suelo tendido el araucano
y el cuchillo, del golpe atormentado
por tres o cuatro partes fue quebrado.



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