La araucana primera parte: 232

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CANTO XV
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La araucana primera parte



Espaldas con espaldas se juntaban
algunos de rodillas combatiendo,
que las tullidas piernas les faltaban,
sostenerse sobre ellas no pudiendo
y aun así las espadas rodeaban;
otros, que ya en el suelo retorciendo
se andaban, por dañar lo que podían,
a los contrarios pies se revolvían.

Viéranse vivos cuerpos desmembrados
con la furiosa muerte porfiando,
en el lodo y sangraza derribados,
que rabiosos se andaban revolcando
de la suerte que vemos los pescados
cuando se va algún lago desaguando,
que entre dos elementos se estremecen,
y en ellos revolcándose perecen.

Si el crudo Sylla, si Nerón sangriento
(por más sed que de sangre ellos mostraran)
della vieran aquí el derramamiento,
yo tengo para mí que se hartaran,
pues con mayor rigor, a su contento,
en viva sangre humana se bañaran,
que en Campo Marcio Sylla carnicero,
y en el Foro de Roma el bestial Nero.

Quedaron por igual todos tendidos
aquellos que rendir no se quisieron,
que ya al fin de la vida conducidos
a la forzosa muerte se rindieron;
los lasos españoles mal heridos
de la cercada plaza se salieron,
de armas y cuerpos bárbaros tan llena
que sobre ellos andaban a gran pena.

Ningún bárbaro en pie quedó en el fuerte
ni brazo que mover pudiese espada.
Sólo Mallén, que al punto de la muerte
le dio de vivir gana acelerada,
y rendido al temor y baja suerte,
viéndose de una fiera cuchillada
en el siniestro brazo mal herido,
detrás de un paredón se había escondido.



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