La araucana primera parte: 236

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CANTO XV
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La araucana primera parte



El sol del común Géminis salía
trayendo nuevo tiempo a los mortales,
y del solsticio por zenit hería
las partes y región setentrionales.
Cuando es mayor la sombra al mediodía
por este apartamiento en las australes
y los vientos en más libre ejercicio
soplan con gran rigor del austral quicio,

nosotros, sin temor de los airados
vientos, que entonces con mayor licencia
andan en esta parte derramados
mostrando más entera su violencia,
a las usadas naves retirados,
con un alegre alarde y aparencia
las aferradas áncoras alzamos,
y al norueste las velas entregamos.

La mar era bonanza, el tiempo bueno,
el viento largo, fresco y favorable,
desocupado el cielo y muy sereno,
con muestra y parecer de ser durable.
Seis días fuimos así; pero al seteno,
Fortuna, que en el bien jamás fue estable,
turbó el cielo de nubes, mudó el viento,
revolviendo la mar desde el asiento.

Bóreas furioso aquí tomó la mano
con presurosos soplos esforzados,
y súbito en el mar tranquilo y llano
se alzaron grandes montes y collados.
Los españoles, que el furor insano
vieron del agua y viento atribulados,
tomaron por partido estar en tierra
aunque del todo hubiera fin la guerra.

De mi nave podré sólo dar cuenta,
que era la capitana de la armada,
que arrojada de la áspera tormenta
andaba sin gobierno derramada;
pero ¿quién será aquel que en tal afrenta
estará tan en sí, que falte en nada?
Que el general temor apoderado
no me dejó aun para esto reservado.



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