La araucana primera parte: 238

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XV
Pág. 238 de 239
La araucana primera parte



El proceloso Bóreas más crecido
la mar hasta los cielos levantaba,
y aunque era un mangle el mástil muy fornido
sobre la proa la alta gavia estaba;
la gente con gran fuerza y alarido
en amainar la vela porfiaba,
que en forma de arco el mástil oprimía
y así la racamenta no corría.

Eolo, o ya fue acaso, o se doliendo
del afligido pueblo castellano,
iba al valiente Bóreas recogiendo,
queriendo él encerrarle por su mano;
y abriendo la caverna, no advirtiendo
al Céfiro, que estaba más cercano,
rotas ya las cadenas a la puerta,
salió bramando al mar, viéndola abierta.

Y con violento soplo, arrebatando
cuantas nubes halló por el camino,
se arroja al levantado mar, cerrando
más la noche con negro torbellino,
y las valientes olas reparando,
que del furioso cierzo repentino
iban la vía siguiendo, las airaba,
y el removido mar más alteraba.

Súbito la borrasca y travesía
y un turbión de granizo sacudieron
por un lado a la nao, y así pendía
que al mar las altas gavias decendieron.
Fue la furia tan presta, que aún no había
amainado la gente; y cuando vieron
los pilotos la costa y viento airado,
rindieron la esperanza al duro hado.

La nao, del mar y viento contrastada
andaba con la quilla descubierta,
ya sobre sierras de agua levantada,
ya debajo del mar toda cubierta.
Vino en esto de viento una grupada
que abrió a la agua furiosa una ancha puerta,
rompiendo del trinquete la una escota
y la mura mayor fue casi rota.



<<<
>>>