La araucana primera parte: 239

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CANTO XV
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La araucana primera parte



Alzóse un alarido entre la gente
pensando haber del todo zozobrado,
miran al gran piloto atentamente
que no sabe mandar de atribulado.
Unos dicen: «¡zaborda!»; otros; «¡detente!»,
«¡cierra el timón en banda!», y cuál turbado
buscaba escotillón, tabla o madero
para tentar el medio postrimero.

Crece el miedo, el clamor se multiplica,
uno dice: «¡a la mar!»; otro: «¡arribemos!»;
otro da grita: «¡amaina!»; otro replica:
«¡A orza, no amainar, que nos perdemos!»;
otro dice: «¡herramientas, pica, pica!;
¡mástiles y obras muertas derribemos!»
Atónita de acá y de allá la gente
corre en montón confuso diligente.

Las gúmenas y jarcias rechinaban
del turbulento Céfiro estiradas;
y las hinchadas olas rebramaban
en las vecinas rocas quebrantadas,
que la escura tiniebla penetraban
y cerrazón de nubes intricadas;
y así en las peñas ásperas batían,
que blancas hasta el cielo resurtían.

Travesía era el viento y por vecina
la brava costa de arrecifes llena,
que del grande reflujo en la marina
hervía el agua mezclada con la arena;
rota la scota, larga la bolina,
suelto el trinquete, sin calar la entena
y la poca esperanza quebrantada
por el furioso viento arrebatada.

LAUS DEO


Fin de la primera parte


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