La araucana segunda parte: 008

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CANTO XVI
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La araucana segunda parte


pero que si quisiesen convertirse
a la cristiana ley que antes tenían,
y a la fe quebrantada reducirse
que al grande Carlos Quinto dado habían,
en todas las más cosas convertirse
a su provecho y cómodo podrían,
haciéndoles con prendas firme y cierto
cualquier partido lícito y concierto.

Luego los instrumentos convenientes
al uso militar y a la vivienda
sacamos en las partes competentes,
que no hay quien nos lo impida ni defienda;
donde todos a un tiempo diligentes,
cuál arma, pabellón, cuál toldo o tienda,
quién fuego enciende y en el casco usado
tuesta el húmido trigo mareado.

La negra noche horrenda y espantosa,
cubriendo tierra y mar, cayó del cielo,
dejando antes de tiempo presurosa
envuelto el mundo en tenebroso velo;
no quedo pabellón, tienda ni cosa
que el viento allí no la abatiese al suelo,
pareciendo con nuevo movimiento
desencasar la isleta de su asiento,

hasta que el tardo y deseado día
las nubes desterró y dejó sereno
el cielo, revistiendo de alegría
el aire escuro y húmido terreno;
luego la trabajada compañía,
conociendo el instable tiempo bueno,
procura reparar con diligencia
del riguroso invierno la violencia.

Unos presto destechan los pajizos
albergues de los indios ausentados;
otros con tablas, ramas y carrizos
al nuevo alojamiento van cargados,
y sobre troncos de árboles rollizos
en las hondas arenas afirmados,
gran número de ranchos levantamos
y en breve espacio un pueblo fabricamos.


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