La araucana segunda parte: 010

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CANTO XVI
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La araucana segunda parte


Rengo también con ellos, que admitido
fue al consejo de guerra por valiente,
que, si ya os acordáis, quedó aturdido
en Mataquito entre la muerta gente;
pero volvió después en su sentido,
y al cabo se escapó dichosamente
que, aunque falto de sangre, tuvo fuerte
contra la furia de la airada muerte.

Caupolicán, en medio dellos puesto,
a todos con los ojos rodeando,
que con silencio y ánimo dispuesto
estaban sus razones aguardando,
con sesgo pecho y con sereno gesto,
la voz en tono grave levantando,
rompió el mudo silencio y echó fuera
el intento y furor desta manera:

«Esforzados varones, ya es venido
(según vemos las muestras y señales),
aquel felice tiempo prometido
en que habemos de hacernos inmortales;
que la fortuna próspera ha traído
de las últimas partes orientales
tantas gentes en una compañía
para que las venzáis en sólo un día;

y a costa y precio de su sangre y vidas
del todo eternicéis vuestras espadas,
y nuestras viejas leyes oprimidas
sean en su libre fuerza restauradas;
que por remotos reinos estendidas
han de ser inviolables y sagradas,
viviendo en igualdad debajo dellas
cuantos viven debajo las estrellas.

Y pues que con tan loco pensamiento
estas gentes se os han desvergonzado
y en vuestra tierra y defendido asiento
las banderas tendidas han entrado,
es bien que el insolente atrevimiento
quede con nuevo ejemplo castigado
antes que, dando cuerda a su esperanza,
les dé fuerza y consejo la tardanza.


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