La araucana segunda parte: 013

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CANTO XVI
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La araucana segunda parte


¡Quién pudiera pintar el rostro esquivo
que Tucapel mostraba contra el cielo!
Lanzando por los ojos fuego vivo,
no se dignando de mirar al suelo
dijo: «Al fin pensamiento tan altivo
ya es digno del furor de Tucapelo;
mas por mi honor y por tu edad querría
que metieses contigo compañía».

El viejo respondió: «Jamás de ajenas
fuerzas en ningún tiempo me he ayudado,
ni de sangre aún están vacías mis venas,
ni siento el brazo así debilitado
que no te piense dar las manos llenas».
Mas Rengo su sobrino, levantado,
se atravesó diciendo: «El desafío
aceto yo, si quieres, por mi tío».

«Quiérolo, pido y soy dello contento
-gritaba Tucapel-, y a diez contigo».
Mas saltando Orompello de su asiento,
dijo: «Tú lo has de haber, Rengo, comigo».
-«También emendaré tu atrevimiento,»
responde el fiero Rengo, «y más te digo,
que en poco tu amenaza y campo estimo
después que haya acabado el de tu primo».

Tucapelo le dijo: «Castigarte
pienso de tal manera yo primero,
que le cabrá a Orompello poca parte,
que, a bien librar, serás mi prisionero.
¡Afuera!, ¡afuera!, ¡sús!, haceos aparte,
que dilatar el término no quiero
pues armas, tiempo y voluntad tenemos,
sino que luego aquí lo averigüemos».

Rengo y Peteguelén le respondieran
a un tiempo con las armas y razones,
si en medio a la sazón no se pusieran
muchos caciques nobles y varones,
pidiendo que suspendan y difieran
aquellas amenazas y quistiones,
hasta que la fortuna declarada
diese próspero fin a la jornada.


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