La araucana segunda parte: 016

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CANTO XVI
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La araucana segunda parte


Que es, cierto, falta de ánimo, y bastante
indicio de flaqueza disfrazada,
teniendo al enemigo tan delante
revolver contra sí la propia espada,
por no esperar con ánimo constante
los duros golpes de fortuna airada,
a los cuales resiste el pecho fuerte
que no quiere acabarlo con la muerte.

Pero pues tanto esfuerzo en vos se encierra
que a veces, por ser tanto, lo condeno,
y de vuestras hazañas, no esta tierra
mas todo el universo anda ya lleno,
cese, cese el furor y civil guerra
y por el bien común tened por bueno
no romper la hermandad con torpes modos
pues que miembros de un cuerpo somos todos.

Si a la cansada edad y largos días
algún respeto y crédito se debe,
mirad a estas antiguas canas mías
y al bien público y celo que me mueve,
para que difiráis vuestras porfías
por alguna sazón y tiempo breve,
hasta que el español furor decline,
y la causa común se determine.

Y, pues, de vuestra discreción espero
que os pondrá en el camino que conviene,
traer otras razones más no quiero
pues con vos la razón tal fuerza tiene.
Dejadas pues aparte, lo primero
que venir a las manos nos detiene
y pone freno y límite al deseo
es el poco aparejo que aquí veo.

Que por todas las partes nos divide
este brazo de mar que veis en medio
y nuestra pretensión y paso impide,
sin tener de pasaje algún remedio;
y pues el enemigo se comide
a tratar de concierto y nuevo medio,
aunque nunca pensemos acetarlos,
no nos podrá dañar el escucharlos.


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