La araucana segunda parte: 018

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CANTO XVI
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La araucana segunda parte


El cual, por los caciques instruido
(según el tiempo) en lo que más convino,
en una larga góndola metido,
sin más se detener tomó el camino;
y de los prestos remos impelido,
en breve a nuestro alojamiento vino,
adonde sin estorbo, libremente,
saltó luego seguro con su gente.

Al puerto habían también con fresco viento
tres naves de las nuestras arribado
llenas de armas, de gente y bastimento,
con que fue nuestro campo reforzado.
Era tanto el rumor y movimiento
del bélico aparato, que admirado
el cauteloso Millalauco estuvo
y así confuso un rato se detuvo.

Mas sin darlo a entender, disimulando,
por medio del bullicio atravesaba;
los judiciosos ojos rodeando,
las armas, gente y ánimos notaba
y el negocio entre sí considerando,
el deseado fin dificultaba,
viendo cubierto el mar, llena la tierra
de gente armada y máquinas de guerra.

Llegado al pabellón de don García,
hallándome con otros yo presente,
con una moderada cortesía
nos saludó a su modo, alegremente
levantando la voz... Pero la mía,
que fatigada de cantar se siente,
no puede ya llevar un tono tanto
y así es fuerza dar fin en este canto.


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